Sentía que la esperanza no era la respuesta. Nunca lo había sido. En aquel mundo de monótono horror no había salvación en los sueños. Podía adaptarse al horror. Pero la monotonía era el mayor obstáculo, comprendía ahora.
No sabía cuánto tiempo había pasado allí. Al fin, pensé, aún el dolor más profundo se aplaca, la desesperación más intensa se desvanece. La maldición del verdugo : la víctima se acostumbra al látigo.