sábado, 23 de enero de 2010

2da oportunidad.


- No tienes nada que temer de mi, niña imantada .Soy tu amigo


Su tacto era reconfortante. Me dejé guiar de nuevo a la sala y tomé asiento dócilmente, como un niño esperando las palabras de un adulto. El señor-pajaro-que-da-cuerda- se arrodilló junto a la butaca y posó su mirada sobre la mía. Me tomó de la mano y la apretó con fuerza.


-Quieres vivir?


Quise responder pero no encontré palabras. Me di cuenta de que se me hacia un nudo en la garganta y los ojos se me llenaban de lagrimas. No había comprendido hasta entonces lo mucho que ansiaba seguir respirando, seguir abriendo los ojos cada mañana y poder salir a la calle para pisar las piedras y ver el cielo, y sobre todo, seguir recordando.


Asentí.


-Voy a ayudarte, chica imantada. Solo te pido que confíes en mí. Acepta mi oferta. Déjame ayudarte. Déjame entregarte lo que más deseas. Esa es mi promesa.


Asentí de nuevo.


El señor-pájaro-que-da-cuerda sonrió y se inclinó sobre mi para besarme en la mejilla. Tenía los labios frios como el hielo.


-Tu y yo, amiga mia, vamos a hacer grandes cosas juntos. Ya lo verás.- murmuró

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