sábado, 27 de febrero de 2010

Anoche.

Escribí hasta que se puso el sol y no quedó ni una gota de café en el termo, hasta que el sereno helado se encendió con la luna azul y me dolieron los ojos y las manos. No escuché cuando preguntaron si bajaría a cenar.

Había caído profundamente dormida, por una vez soñando y creyendo que las palabras , incluso las mías, tenían el poder de curar.

1 comentario:

  1. Mis manos son el agua mansa que esperas,
    el corazón de las manzanas,
    los espejos que saben reflejarte,
    el tiempo que podría ser...
    Mi voz es el aliento dulce
    y el deseo en la piel de los sueños,
    tus labios besándome en cada palabra
    y tus dedos recogiendo mi luz en las ternuras...
    Mi voz, mis manos:
    el aroma de mi cuerpo en tu cuerpo,
    las razones que toman forma en tus formas,
    el aire que anhelas, que resucita para hacerse tuyo.

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