sábado, 5 de junio de 2010

En una tiniebla de Junio.

Recuerdo que aquel alba de Junio me desperté gritando. El corazón me batía bajo el pecho como si el alma quisiera abrirse camino y echar a correr escaleras abajo. El Señor-Pájaro-que-da-cuerda acudió de prisa a mi habitación y me sostuvo en sus brazos , intentando calmarme.


-No puedo acordarme de su cara , no puedo acordarme de la cara del Chico Espejo- murmuré sin aliento.

El Señor-pájaro-que-da-cuerda me abrazó con fuerza

-No te preocupes Chica Imantada. Yo me acordaré por los dos-

Nos miramos en la penumbra, buscando palabras que no existían.

Aquella fue la primera vez en la que me di cuenta de que el Señor-pájaro-que-da-cuerda siempre estaría distante a pesar de tenerlo cerca, y de que sus ojos, ojos de niebla y pérdida , siempre miraban atrás. De pronto, se levantó y corrió las cortinas para que entraran los primeros rayos de luz.

-Anda, Chica Imantada, vístete. Quiero enseñarte algo.- dijo

-¿Ahora? Pero si apenas y son las 6 am-

-Hay cosas que solo pueden verse entre tinieblas – continuó esbozando una sonrisa enigmática que parecía tomada de algún tomo de Carrol.

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