jueves, 2 de septiembre de 2010

El 26

Día de lluvia. Desaparecen los dolores. Duermo toda la tarde y me preparo para trabajar mañana. Todos estos retrasos resultan realmente excelentes. La casa está llena de admirables aromas. Ahora estoy en la cama. El gatito bonito ronronea y hace un ruido exactamente igual al de mi vientre. Estos dos ruidos, líquidos y sincronizados, me producen las mayores satisfacciones. Me dispongo a dormir al sentir humedecidas las comisuras de mi boca.


Sopla un viento augurando que mañana gozaré de un luz matinal paradisíaca para reanudar mi Corpus hypercubicus.

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