domingo, 13 de febrero de 2011

Existencia entre palabras que....

A ver, a ver... Ya de por sí me medio-desagrada el hecho de haber expuesto en este lugar mis sensiblerías y mis locuras habituales durante un montón de meses seguidos como para encima ahora justificarlas... Pero después de todo creo que de eso trata todo este asunto.

Sinceramente, a veces cuando miro todos los escritos que he hecho a lo largo de estos últimos meses, todos tan tristes y a la vez tan personales, me entra una especie de sensación de vulnerabilidad un poco extraña. No es fácil sacar tus demonios fuera y mucho menos exhibirlos, al menos para mí.

La idea de que cualquiera pueda asomarse, echar un vistazo y opinar todavía me parece un poco chocante, y supongo que lo es. Realmente todo esto ha sido un poco raro, aunque también es cierto que con el paso del tiempo me ha ido atrayendo más y más el resultado final, el desenlace, la conclusión de tantos escritos sin estructura , o lo que sea...

El poder ver de manera física y palpable lo que para mí mismo ha sido una progresión hasta el punto actual en el que me encuentro. No sé si esto es algo que sólo veo yo o no, y realmente es algo que tampoco importa, pero sin duda es con lo que me quedo. Todo empezó de una manera y acabó de otra. Deseaba alcanzar una meta y acabé encaminándome hacia otra. Todos estos escritos los empecé escribiendo de una manera totalmente visceral para una única persona, y pasó que con el tiempo me dí cuenta de que los hacía para mí mismo, para sanar heridas.

Cuando logras asumir y consigues exteriorizar tus penas todo se clarifica, se hace nítido
. Los escritos se van amontonando y poco a poco te sientes liberado... Desde luego soy consciente de que no es la forma más habitual de salir de un marrón y casi seguro habrá quien piense que soy un capullo por ''perder el tiempo y hacer tantas frikadas''.

Afortunadamente sé que tiene que haber de todo y paso de los comentarios vacíos de personas tristes, ya que he descubierto algo más importante con lo que entretenerme pensando: Escribir es, tal vez, lo más valioso que tengo.





Es raro de explicar, pero sabía que algún día escribiría cosas de las que me sentiría orgulloso... De pequeño solía pensar que casi todo lo que escribía era una mierda, que apenas tenía cosas que contar... y bueno, lo cierto es que muy rara vez pensaba que mis escritos eran buenos.

A lo que voy es que no me importa si todos estos últimos escritos tienen calidad o no, si las formas y los colores molan o si son una puta basura... No me interesan todas esas cosas porque siento que su contenido es sincero, y lo que se ve en ellos implícitamente es lo que de verdad me gusta.

Escribir es una gran parte de mi personalidad, y hasta hace poco no había pensado en ello.
Es lo que me diferencia de otras personas y lo que me hace ser quien soy, es algo que a día de hoy valoro cada vez más... Pensando y recordando me he dado cuenta de que probablemente existió una época en la que se me olvidó lo importante que son todas estas cosas para mí.

Coger un lápiz y un puñado de folios y escribir mientras escucho música. Plasmar sobre el papel mis historias raras es lo que hace que salga a flote en los malos momentos y lo que me hace sentirme satisfecho cuando ya de por sí me siento bien.

Me parece bastante estúpido ocultarnos a nosotros mismos ese mundo paralelo que llevamos dentro, y soy consciente de la terrible carga moñas y cursi de todo este maldito discurso, pero me da igual, es practicamente una de las pocas cosas que tenemos que realmente tienen algo de misterio y magia en este mundo. Redescubrir todo esto y dejarme de estupideces ha sido para mí el gran hallazgo hasta la fecha.

Tal vez sea cierto que las cosas pasan por algo y nada es casual.
Lo que sí es verdad es que ahora creo conocerme un poco más. Ahora sé que todos los escritos que he hecho y todas las historias que me he montado no hablaban en realidad de una tercera persona, hablaban de mí misma. De una especie de viaje extraño que he estado haciendo.

Es triste tener la certeza de poder reflejar los sueños de una persona, estar seguro de poder crear el mundo perfecto para alguien y, a medida de que terminas de construirlo, darte cuenta de que no es el mundo perfecto de esa persona en cuestión, sino el tuyo.
Tus propias ilusiones.

Tras meses y meses de plena convicción llega un día en el que de pronto te das cuenta: No eran sus sueños, no era su realidad, ni siquiera eran sus fantasías ni eran sus canciones, no eran aquellos sus sentimientos, sino los míos. Todo aquello era mío. Jamás conseguí establecer esa conexión que tanto busqué.

No vemos las cosas como son, sino como somos.

Este blog apestoso es quizá la mayor caricatura que haya hecho de mí misma.

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